Emocionadas... así empezaba nuestro esperado viaje. Madrugón para coger el autobús de Bilbao a Madrid. Una vez allí, cogimos otro autobús de línea que nos dejó en la terminal uno del
aeropuerto. Ya en facturación de Tunisair, a pesar de la cola, empezó la diversión... Una señora de unos 55 años se nos acercó
amablemente y nos preguntó si podía estar con nosotros, que viajaba sola y
estaba muy nerviosa. Un poco perplejas, le preguntamos que qué le pasaba
y nos contó que su compañera de viaje le había dado plantón y estaba dudando
si hacer o no el viaje ella sola; es más, la mujer decía que se iba a su casa porque le daba mucha inseguridad ir sola a Túnez.

Lo cierto es que todo nos sonaba un poco
surrealista, pero por supuesto intentamos animarla y le dijimos que se quedara
con nosotras en la cola. Su mayor miedo era el no poder comunicarse,
ya que no hablaba inglés ni francés, pero la convencimos de que en el hotel
internacional al que iba seguro que alguien hablaría español y, en su defecto,
algún cliente. Desde ese momento, la señora, nuestra querida Gladys, no se nos
despegó en el aeropuerto ni por un segundo, es más, confieso que por nuestras
mentes se pasó que la señora tuviera algún propósito extraño; yo hasta
escuchaba internamente la voz de mi madre diciendo eso de "¡a ver con
quién andas, cuidado en el aeropuerto no sea que te metan algo en la
mochilaaaa!", pero bueno, confiando en la buena fe de la gente, decidimos
acogerla. En fin, a todo esto, en la cola un señor mayor muy agradable, nos
miraba sonriente atento al panorama con la señora y, cómo no, decidió
intervenir para amenizar la espera. Resulta que el buen hombre era español,
pero vivía en Túnez y debía haber sido algún tipo de cargo diplomático, ya que
tenía contactos en la embajada y nos ofreció amablemente su número de teléfono
por si teníamos cualquier tipo de problemas allí. Tras una hora amenizada por
las anécdotas del señor Pepe, nos tocó la hora de facturar, no sin el previo
chanchullo de maletas porque, como siempre, la mía pasaba de los 20 kg
permitidos, de los cuales a posteriori me sobraron 15, y es que lo de
simplificar no se me da nada bien; en una próxima entrada propondré un equipaje
básico para viajar a Túnez en época primaveral.
Ya acompañadas por nuestra nueva mejor amiga, hicimos tiempo para el
embarque...el avión iba a tope; a Gladys le tocó 2 filas por detrás de nosotras
y la mujer se pasó todo el vuelo llamándonos a gritos y recordándonos que al
desembarcar la esperásemos... sería por si nos escapábamos. El vuelo con Tunisair
fue estupendo, la tripulación muy amable y la cena no estuvo mal. Además, como compañero
de asiento nos tocó un chico tunecino, afincado en Madrid y que hablaba
un perfecto español. Nos puso al día de comidas típicas, historia y costumbres
de su país. En apenas 2 horitas y pico aterrizamos sin imprevistos en el
aeropuerto de Túnez. Las maletas salieron rápidamente y sin problemas. A
nosotras y a más gente del vuelo nos esperaba el guía de nuestra agencia para
dejarnos en los respectivos hoteles. El problema era nuestra Gladys, ella se
hospedaba en Túnez capital y no íbamos en la misma dirección. Hicimos esperar a
todo el grupo para poder ayudarla a coger un taxi y que le cobrasen un precio
razonable. Nuestra salvación fue el chico del avión, que se dirigía a la estación de Túnez
y aceptó compartir taxi con Gladys para dejarla sana y salva en su hotel.
Nuestro guía nos llevó al autobús, donde un muchacho nos quitó literalmente el
equipaje para meterlo al maletero y, claro está, seguidamente pedirnos dinero; la
verdad que no le dimos nada porque no teníamos ni un dinar, no habíamos tenido
tiempo de cambiar dinero al llegar y, además, no fue nada amable. El trayecto de Túnez a
Hammamet es de alrededor de una hora y la carretera es bastante buena y muy
tranquila a esa hora de la noche. Los hoteles estaban en Yasmine Hammamet, una
zona situada a unos 10 km de Hammamet. La última de las paradas fue la de
nuestro hotel. Por fin llegábamos al Iberostar Averroes. La primera impresión
del hotel, buena. Hotel aparente, un tanto viejuno, pero prometía. Al llegar
tan tarde, nos reservaron algo de cena, que podían haberse ahorrado porque eran
una lonchas de queso, unas rodajas de algo parecido a la mortadela y un poco de
ensalada...En la recepción nos asignaron la habitación y ¡oh sorpresa! cuando
subimos la habitación estaba sin hacer. Nos tuvieron que asignar otra
habitación que al final fue mejor para nosotras, ya que esta última tenía
vistas a la piscina y a la playa. La habitación era amplia, con 2 camas grandes y
bastantes cómodas. La temperatura a esa hora era de unos 18 grados, así que estuvimos un ratito contemplando las vistas desde la terraza...Y tras un día largo y movidito, tocaba la hora de irse a dormir.